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La posibilidad de reconstruirse puede estar en cualquier lugar si el acompañamiento es el adecuado. Así lo atestiguan Pablo, Nahuel y Antonio, alojados en la Dirección de Responsabilidad Penal Juvenil (DRPJ), bajo la órbita del Ministerio de Educación, Cultura, Infancias y DGE.
Las historias de los tres jóvenes muestran que detrás de cada trayectoria hay una persona, con familia, amigos, aprendizajes y deseos de cambio. La DRPJ aparece en sus relatos como un espacio de cumplimiento, aunque también de construcción, educación y adquisición de herramientas que les permiten pensar en un futuro distinto.
Escuchar sus voces refleja que la inclusión, el acompañamiento y la formación son fundamentales para abrir caminos y para planificar una vida que se amolde a sus expectativas y habilidades.
En la DRPJ los chicos que atraviesan procesos judiciales, e incluso aquellos que egresaron encuentran esa contención.
Pablo, Nahuel y Antonio caminan por diferentes rutas. Uno espera la libertad luego de casi tres años de internación, el segundo sigue alojado y el tercero egresó y vuelve para sostenerse económica y emocionalmente. Los tres testimonios hablan de etapas marcadas por la vulnerabilidad, aprendizaje, esfuerzo y esperanza.
Pablo: aprender un oficio y esperar una nueva oportunidad
Pablo lleva dos años y nueve meses en la institución. Durante ese tiempo participó en distintos talleres, en la escuela y le gusta el deporte. Disfruta especialmente del gimnasio y del fútbol y destaca el clima de respeto con docentes y talleristas.
Aprendió talabartería y metalurgia, oficios que no conocía antes de ingresar y actualmente fabrica parrillas, cinturones, materos y cuenta con orgullo: «Cuando llegué no sabía nada, ahora soy el referente”.
El joven espera la libertad para comenzar una nueva etapa. Aunque reconoció que el tiempo lejos de su familia fue difícil, también asegura haber aprendido valores fundamentales como “la conducta y el respeto, muchas cosas que antes no tenía”.
¿Su sueño? “Abrir una peluquería y empezar de cero”.
Por otro lado, les dejó un mensaje a jóvenes que atraviesan situaciones similares: “Que no pierdan la fe”. Y a la sociedad en general: “Que los chicos pueden recapacitar, no todos están perdidos, pueden recapacitar y tener otra oportunidad”.
Nahuel: la importancia de sentirse acompañado y la familia
Con dos meses en la residencia, Nahuel analiza su experiencia como un tiempo de aprendizaje y acompañamiento. Pasa sus días entre talleres de música, carpintería y jardinería, tiene salidas recreativas y paseos que le permiten conectarse con otros espacios y personas.
También pone en valor al equipo que lo acompaña y dice que “la gente me apoya y no me deja solo. Cuando necesito, siempre están ahí y eso lo agradezco muchísimo”.
En la residencia aprendió habilidades como tocar teclado, trabajar la tierra y hacer carpintería, actividades que valora como una oportunidad para crecer.
Su deseo actualmente es estar cerca de su mamá: “Quiero ayudarla”, resaltó, dejando en claro que su prioridad está en el acompañamiento familiar. En paralelo, continúa con tareas escolares y señala que matemática es su materia preferida.
Nahuel, finalmente, dice estar “muy contento de estar acá adentro, pagando lo que lo que fallé, pero superándome poco a poco”.
Antonio: el sueño del Ejército y un egreso con desafíos
Antonio ya egresó de la institución, pero vuelve en busca de herramientas y conocimientos que le permiten mejorar su situación económica.
Su relato da un baño de realidad sobre las dificultades que aparecen al salir, como la falta de recursos, la inestabilidad habitacional y un contexto económico adverso que le da complejidad al proceso de reinserción.
Tras haber atravesado situaciones de calle, actualmente vive en la casa de un amigo. Mientras tanto, busca generar ingresos como vendedor ambulante o a través de la gastronomía, que aprendió en la DRPJ.
Su meta es ingresar al Ejército Argentino y, aunque “no se dio en el último intento”, insiste en que “no va a bajar los brazos”, porque para él “es una manera de cambiar la historia familiar” y construir un camino distinto.
Por último, habló de la importancia de la capacitación para el trabajo: “Los talleres son buenos: el de dibujo te puede inspirar a ser tatuador, si sos bueno; en carpintería para un taller de muebles, y en soldadura, un montón de cosas. Antes no sabía lo que era una máquina. Sinceramente, cuando llegué acá aprendí muchas cosas”.



