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«Yantar significa comer en castellano antiguo. El título es una analogía con el libro bíblico. Acá se juega un poco con la palabra yantar, porque en realidad lo tangible es comer. Y cantar es una cuestión espiritual. Entonces, ¿dónde se nutre la espiritualidad? En el compartir. En el compartir una mesa, un mate, un mate cocido, un yerbeado. Y eso hace también al conocimiento, porque en esos momentos se da el diálogo», explica Golondrina de este modo la esencia de su obra.
La presentación se llevará a cabo el día jueves 9 de julio, a las 19, con entrada gratuita, como una de las distintas acciones que se llevarán a cabo por un nuevo aniversario de la Biblioteca Pública General San Martín, fundada en 1822, una de las primeras instituciones destinadas a la gestión pública de material bibliográfico del país y que, actualmente, funciona como uno de los principales faros de la cultura mendocina.
Sobre el libro El yantar de los cantares y sobre su autor, Golondrina Ruiz
Un banquete de identidad y nostalgia en el corazón de la Mendoza profunda. En un emotivo recorrido por las raíces más profundas de nuestra tierra, el reconocido autor Golondrina Ruiz (Rafael Ricardo Ruiz) presenta su obra El yantar de los cantares, publicada recientemente por Ediciones Culturales de Mendoza. Este libro de 108 páginas no es solo una colección de relatos, sino un testimonio vivo de la cultura ancestral que aún late en los desiertos y montañas de la provincia.
El alimento del cuerpo y del espíritu
El título de la obra no es una elección azarosa. El autor recurre al castellano antiguo para rescatar el término «yantar», que significa comer o alimentarse. Sin embargo, Ruiz propone una analogía lírica fundamental: la comida no es solo sustento físico, sino también un «alimento espiritual» que se nutre de la hospitalidad y de las canciones que acompañan al viajero.
A través de sus páginas, el lector se aventura en travesías a caballo por los áridos desiertos del norte lavallino y los perfiles quebrados de la cordillera de los Andes. En estos paisajes, Ruiz se reencuentra con los descendientes de la raza huarpe, a quienes describe como los genuinos portadores de una cultura que lucha por sobrevivir frente al avance tecnológico.
Un recetario de vivencias
La estructura del libro es una invitación a sentarse a la mesa de los puesteros. Cada capítulo toma el nombre de un plato tradicional, convirtiendo la gastronomía en el hilo conductor de la memoria emotiva del autor. Entre los relatos destacados se encuentran:
El pan: Donde se describe el ritual «bíblico» de amasar en batea y cocinar en horno de barro, un acto de amor que Ruiz considera irreemplazable por cualquier máquina.
La carbonada: Un potaje sustancioso ideal para los viajes en carro, preparado al ritmo de tonadas viejas.
Las tortillas al rescoldo: Una muestra de la sabiduría campesina que utiliza las cenizas calientes para dar sabor al pan.
La chaya de avestruz: Un relato sobre la caza con boleadoras (ñanduceras) en Uspallata, practicada bajo estrictos códigos de preservación de la especie.
Otros capítulos como el tomaticán, las sopaipillas, el charquicán, la chanfaina, el locro de trigo, la cazuela de gallina y la humita en chala completan este mapa de sabores y afectos.
La música como puente
Golondrina Ruiz, definido en sus propios relatos como «guitarrero y verseador», integra la música de manera orgánica en cada historia. Las tonadas son el pago por la hospitalidad recibida; el «cogollo» final de cada canción se convierte en un homenaje personalizado para los anfitriones, como Juana y Pedro Morales o la familia Nievas.
Como rasgo innovador para una edición literaria, el libro incluye un código QR que permite a los lectores acceder a una lista de reproducción sonora. En ella se pueden escuchar grabaciones del dúo «Del mismo palo» (conformado por el autor y Víctor Hugo Cortés) y de los emblemáticos Cantores de Cuyo, enriqueciendo la experiencia de lectura con el paisaje sonoro de Mendoza.
Un legado de humanidad
Más allá de las recetas y las canciones, El yantar de los cantares es un tributo a la condición humana. Ruiz destaca la hospitalidad desinteresada del hombre de campo, quien siempre ofrece al trashumante «un cobijo, un plato de comida y un afecto generoso».
Esta obra, coordinada por Pablo De Bartolo y producida por Javier Cusimano, se suma al catálogo de Ediciones Culturales de Mendoza, reafirmando la misión del sello de difundir las voces que construyen la identidad provincial. Como bien señala el autor en su introducción, este libro busca que el lector haga un lugar en su corazón para aquellos «paisanos» que custodian las tradiciones mendocinas en la soledad del desierto.

