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Mendoza se consolidó como una de las provincias con mayor desarrollo de proyectos solares privados del país, como resultado de una política sostenida que articula planificación estatal, diseño técnico a través de EMESA y un entorno de negocios previsible que genera confianza para la inversión.
Con los proyectos actualmente en funcionamiento, la provincia superó ampliamente los 700 MW de potencia instalada en energía solar, marcando un salto cualitativo en su capacidad de generación limpia.
Este proceso responde a una estrategia energética que entiende la transición no solo como una agenda ambiental, sino como una oportunidad concreta de desarrollo productivo, diversificación económica y generación de empleo.
Entre los hitos más relevantes se destacan la inauguración del Parque Solar Anchoris, en Luján de Cuyo, con una capacidad de 180 MW, y la entrada en operación del parque solar San Rafael, también con 180 MW. A esto se suma el proyecto El Quemado, en el norte provincial, que con 305 MW — próximo a entrar en funcionamiento total por parte de YPF— se posiciona como el desarrollo solar más importante del país, ampliando la cobertura territorial de generación renovable en Mendoza.
Estas inversiones no solo representan megavatios instalados, sino que implican infraestructura, empleo local, desarrollo de proveedores y una señal clara del rumbo energético provincial.
Cartera en crecimiento y proyección al 2030
A la capacidad ya ejecutada se suma una cartera en expansión: actualmente, Mendoza cuenta con 1.000 MW proyectados, lo que refleja una política energética que continúa creciendo con una visión de mediano y largo plazo.
De cara a 2030, se prevé la concreción de nuevos proyectos que permitirán ampliar aún más la capacidad instalada, incrementar la participación de energías renovables en la matriz y consolidar el abastecimiento a grandes usuarios industriales, un factor clave para la competitividad de sectores estratégicos.
En este contexto, Mendoza también redefine su rol dentro del sistema energético: no solo genera energía para consumo local, sino que se posiciona como proveedor estratégico de energía limpia para industrias intensivas en consumo energético, acompañando procesos de inversión, radicación productiva y desarrollo de nuevas actividades.
La articulación público-privada ha sido central en este proceso. EMESA ha desempeñado un rol clave en el diseño técnico, la estructuración y el acompañamiento de los proyectos, generando condiciones para que el capital privado encuentre oportunidades concretas de inversión en un marco ordenado y transparente.
Infraestructura eléctrica y fortalecimiento del sistema
Para llevar adelante todo esto se necesita una red robusta de distribución y transporte eléctrico. Durante este año se licitará y adjudicará el Sistema Hidroeléctrico Nihuiles, con una potencia total de 288 MW, lo que permitirá recuperar capacidad de generación estratégica y asegurar la estabilidad del sistema.
Ya se adjudicó la obra de la Estación Transformadora Valle de Uco con un costo 30% inferior al presupuesto inicial, y se registran avances significativos en el proceso de la Estación Transformadora Mendoza Norte.
A esto se suma la ejecución de la obra de Marcado-La Dormida, financiada a través del Fondo Fiduciario del Plan de Infraestructura Eléctrica de Alta Tensión, Zonas Aisladas y Zonas a Desarrollar (FOPIATZAD), consolidando un esquema de inversión que amplía la capacidad de transporte eléctrico en puntos estratégicos del territorio.
También se prevé la licitación de la línea que vinculará Nihuil IV con la Estación Transformadora de General Alvear, una obra de más de 90 kilómetros de líneas de alta tensión que ya cuenta con el Certificado de Conveniencia y Necesidad Pública del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE).
Una estrategia con visión de desarrollo a largo plazo
Este conjunto de iniciativas forma parte del plan de transporte eléctrico más ambicioso en la historia de Mendoza. Se trata de una estrategia diseñada para acompañar el crecimiento productivo, impulsar nuevas industrias —como la generación fotovoltaica a gran escala—, promover el desarrollo agrícola y garantizar el abastecimiento energético de proyectos mineros, al tiempo que mejora la calidad y confiabilidad del servicio para los usuarios residenciales.
De esta manera, Mendoza consolida un modelo energético basado en resultados concretos: expansión de la capacidad instalada, inversión sostenida, modernización del sistema y una hoja de ruta clara para seguir creciendo. Una provincia que entiende que la energía es un motor de desarrollo y que la transición hacia fuentes limpias es también una herramienta para construir una economía más competitiva, sostenible y con mayores oportunidades a futuro.





