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El Ministerio de Salud y Deportes aconseja tomar cuidados en esta época del año debido a las altas temperaturas y la mayor exposición al sol.
Es durante la temporada de verano cuando las consecuencias de exponerse al sol sin protección puede tener efectos muy nocivos. Las consecuencias más reconocidas a largo plazo son la aparición de quemaduras, manchas, aumento del número de lunares, cáncer de piel y variadas alteraciones oculares.
Para cuidar la piel en verano, una de las claves es la protección solar diaria (factor mayor a 40), la hidratación profunda (beber agua y usar cremas) y la protección física (ropa, sombrero, evitar horas pico), además de una alimentación rica en antioxidantes y una higiene suave para limpiar la grasa y sudor sin agredir la piel.
Los rayos ultravioleta (UV) del sol dañan directamente el ADN de las células de la piel. Si este daño no se repara correctamente, puede llevar a un daño genético, envejecimiento de la piel, mutaciones que causan el crecimiento celular anormal y finalmente, el cáncer.
La exposición al sol en la infancia aumenta significativamente el riesgo de desarrollar melanoma en la adultez. Los daños solares acumulados, especialmente aquellos ocurridos antes de los 18 años, pueden alterar los melanocitos de la piel y aumentar el riesgo de que los lunares atípicos se conviertan en melanoma.
Sin embargo, el 90% de los casos de cancer de piel son curables si se advierten a tiempo.
Para identificar un lunar atípico o sospechoso, puedes apoyarte de la clasificación ABCDE, un método que es utilizado por especialistas para evaluar lunares y manchas en la piel:
También puedes apoyarte de las siguientes características:
Lunares normales: No más de 2 tonos de café.
Lunares sospechosos: Más de 2 tonos de café, pigmentación oscura.
Lunares de melanoma: Cambian de color, más de 2 tonos de café, pigmentación muy oscura.
Es importante que, en caso de no estar seguros si el lunar que presentamos puede o no ser atípico, acudir con un especialista para un diagnóstico completo.
Existen tres tipos de cáncer de piel relacionados con la exposición al sol:
Carcinoma basocelular (CBC): Es el tipo más frecuente (aproximadamente el 80% de los casos). Suele aparecer en áreas expuestas al sol como cabeza y cuello. Crece lentamente y rara vez se disemina, pero puede ser localmente invasivo.
Carcinoma Espinocelular (o Epidermoide): Otro cáncer de piel no melanoma común. También, se asocia a la exposición solar acumulada.
Melanoma: Es el tipo menos común, pero el más agresivo. Tiene una alta probabilidad de invadir tejidos cercanos y diseminarse a otras partes del cuerpo si no se detecta a tiempo. La exposición solar intensa y los episodios de quemaduras solares, especialmente en la infancia, aumentan significativamente el riesgo.
Tanto la prevención como la detección temprana de estos lunares son fundamentales para reducir el riesgo de desarrollar cáncer de piel. Los grupos de riesgo que pueden resultar más afectados, son: mujeres embarazadas; bebés y niños pequeños; las personas mayores de 65 años y quienes padecen enfermedades crónicas como, por ejemplo, afecciones respiratorias o cardíacas, hipertensión arterial, obesidad y/o diabetes.
Por eso, es fundamental prestar atención a las recomendaciones los consejos que brinda Florencia Borzotta, especialista en dermatología del Hospital Lagomaggiore y especialista en medicina de montaña:

